domingo, 29 de marzo de 2015

Aromas de Invierno, versión no. 2

Sentí el delicioso aroma del invierno cerca de mí, de ti.
Fue una rafaga, no sé si precisamente de viento, o de tiempo. Podría ser de ambas.
Un parpadeo puede ser todo, y en una mañana de invierno, sé que define si caida o vuelo.
Un vuelo puede dar aroma, la caída esencia.
Podría ser aroma de una caída fatal.
Las ráfagas congelan en Invierno, pero también calientan los seres, las esencias.
Es el ser cálido movido por la gélida mañana del tiempo quien vuela, cae y en su caída define su esencia, y de regreso al vuelo libera su aroma renovada al viento, al tiempo.
Es entonces,  en las mañanas de invierno de temperaturas bajo cero, cuando los seres descubren aromas.
Esta mañana de invierno, conocí un deleite en esencia, a unos grados bajo cero en un cálido parpadeo.
Venía de ti, de mí.
De ti, el vuelo con aroma.
De mí, un parpadeo por la mañana.

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