sábado, 12 de diciembre de 2015

5 de Septiembre

Hola, mi amor.
Es la una de la mañana; te espero en la cama.
Hay tanto que quiero decirte, tal vez sea demasiado.
Es tanto que al mismo tiempo, no es nada. 
Recuerdo nuestra última salida. Me habías cachado desprevenida mientras caminaba y me quitaba la chamarra, para después plantarme un beso a centésimas del cruce de nuestras pupilas. Fue une beso dulce, lleno de esa energía y cariño que sueles poner para decirme un "te extrañaba, qué bueno que ya estás conmigo". 
Luego, cariño, te pusiste pícaro e hicimos un cambio de planes. Lo demás, cariño, lo resumo en pasos, pisadas, una detrás de la otra durante un buen rato, donde compartíamos comentarios cotidianos, observaciones en los al rededores, miradas que se cruzaban con una pequeña eternidad suspendida, silencios bien recibidos y una búsqueda en común. Tú cargabas la maleta. 
Ahora que lo pienso, esa salida, se semeja mucho de lo que hemos vivido en los últimos 395 días con un inicio arrollador,  un camino desconocido, largo pero disfrutable, la búsqueda en común del amor, tú cargando el peso de los dos siempre con una sonrisa... Tú queriendo compartir hasta el más mínimo detalle de lo nuestro; yo, sugiriendo posibles rutas y destinos. Ambos entregados al amor y la pasión. Ambos, compartiendo nuestras realidades, nuestras posturas, lo que hemos aprendido. La despedida, entregada, dulce, eterna,  y nuestras bocas deseosas del otro. Sí, amor. Hubo tanto de los dos en esa salida, que no cuesta mucho mirar atrás y saber qué ha pasado en estos 395 y, algunos más, de conocernos. Lo pienso y me siento dichosa de nosotros, de ti, de lo mucho que hemos aprendido. 

Te amo y te extraño, amor.


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