Andamos como espejos pulcros, como témpanos, cavernas obscuras con tímpanos rotos.
Somos personas espejo que imitan lo que ya hay cuando una débil luz las alcanza.
Somos personas espejo que imitan lo que ya hay cuando una débil luz las alcanza.
Moscas, huéspedes de nuestros labios, habitantes de las bocas.
Tan fácil es pretenderse espejo en la obscuridad, cuando se sabe que nadie, ni uno mismo, se observa.
Rompemos nuestros tímpanos y en tempano nos convertimos para que nada nos perturbe.
Olvidar las palabras que soltamos en la caverna y que en la obscuridad andan;
dejamos que con pulcros espejos choquen como moscas.
Y liberar en eco más palabras que en añicos deje los tímpanos.
Gélido hogar de moscas llenado con obscuridad y vacío.
Punzante y certero ilumina el eco que pretende como espada que el espejo, ya no pulcro, hogar de moscas, se rompa en añicos de vacío.
Que aparezca entonces una figura y no un espejo infestado de moscas.
Que de la obscura caverna salga y recupere los tímpanos, sin ser témpano.
Persona de palabras espada, libre.
Saber que es más fácil pretender que se sabe, pero que es mejor no vivir pretenciosamente en el caos del vació y encender una vela en la mente; hacer un eco.
Que aparezca entonces una figura y no un espejo infestado de moscas.
Que de la obscura caverna salga y recupere los tímpanos, sin ser témpano.
Persona de palabras espada, libre.
Saber que es más fácil pretender que se sabe, pero que es mejor no vivir pretenciosamente en el caos del vació y encender una vela en la mente; hacer un eco.
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