A mitad de la noche, a la deriva, con un corazón
acongojado.
Un par de
ojos mirando al infinito, que te piensan.
Resulta,
amor, que puedo pensarte mientras el infinito inunda mis pupilas.
Estar
a la deriva importa tan poco cuando tu ausencia deja mi latido entristecido,
estremecido, sollozante.
Resulta,
amor, que llamarte “cielo” encaja perfecto con el ahora, que te pienso
acongojada, en la marea silenciosa de los astros.
Pensarte;
añorarte; perderme.
Extraño
tu presencia tan semejante a luz ausente del sol; te convierto en noche.
Dejo
que se inunden mis ojos en el mar de tu recuerdo; te convierto en infinito.
Mi
cielo, mi noche, mi infinito.
Resulta entonces, amor mío, que tu triste ausencia es noche infinita de mi cielo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario